México también tiene territorios donde el horizonte parece construido únicamente con arena. En el norte del país, enormes sistemas de dunas transforman el paisaje de Chihuahua y Sonora, creando extensiones que cambian constantemente bajo la acción del viento. Samalayuca y el Gran Desierto de Altar son dos de sus expresiones más impresionantes, pero también representan formas muy distintas de acercarse al desierto.
Samalayuca: Un Mar de Arena en Chihuahua
A unos 50 kilómetros al sur de Ciudad Juárez se encuentran los Médanos de Samalayuca, un paisaje de dunas blancas perteneciente al Desierto Chihuahuense. Algunas formaciones alcanzan alturas considerables y se desplazan lentamente con el viento, modificando continuamente la apariencia del terreno.
El lugar se ha convertido también en escenario para actividades como sandboarding, recorridos en vehículos todoterreno, caminatas y fotografía de paisaje. Durante el amanecer y el atardecer, las sombras permiten apreciar especialmente las formas y dimensiones de las dunas.
Samalayuca conserva además vestigios arqueológicos y petrograbados que muestran que este territorio, aparentemente vacío, ha sido transitado y habitado desde mucho antes de convertirse en un destino para viajeros.
Gran Desierto de Altar: Las Dunas Monumentales de Sonora
Al noroeste de Sonora, dentro de la Reserva de la Biosfera El Pinacate y Gran Desierto de Altar, el paisaje adquiere otra escala. Este territorio protegido combina campos volcánicos, cráteres, flujos de lava y uno de los sistemas de dunas más extensos de Norteamérica.
Aquí aparecen las llamadas dunas estrella, formaciones creadas por vientos provenientes de distintas direcciones que pueden alcanzar alrededor de 200 metros de altura. Su compleja geometría convierte al Gran Desierto de Altar en un paisaje excepcional incluso dentro de los grandes desiertos del continente.
La reserva fue reconocida como Patrimonio Mundial por la UNESCO en 2013, tanto por su biodiversidad como por la extraordinaria combinación de paisajes volcánicos y desérticos.
Dos Formas de Experimentar el Desierto Mexicano
Samalayuca ofrece una aproximación relativamente accesible al paisaje de dunas y permite incorporar actividades de aventura durante una visita desde Ciudad Juárez. El Gran Desierto de Altar, en cambio, forma parte de un territorio protegido mucho más amplio y remoto, donde las distancias y las condiciones extremas exigen una planeación cuidadosa.
En ambos casos, el clima determina el viaje. Las temperaturas pueden ser especialmente intensas durante el verano, por lo que los meses más frescos ofrecen mejores condiciones para recorrer estas regiones.
Desde los médanos de Chihuahua hasta las enormes dunas de Sonora, el norte de México conserva paisajes que cambian literalmente con el viento y muestran una geografía muy distinta a las imágenes que habitualmente protagonizan los viajes por el país.
